domingo, 16 de octubre de 2011

Día a día VIII. La salida

Si este apunte lo hubiese realizado hace tan sólo unos tres meses atrás tendría que haber dicho que llevaba aproximadamente tres años y medio sin salir de casa exceptuando mi original paso por urgencias que ya relaté http://lavidaconela.blogspot.com/2009/11/una-noche-en-urgencias.html . Desde la primera crisis respiratoria que me mantuvo ingresado en el hospital 11 días y del que salí prácticamente adosado a un respirador se desvanecieron las ganas de pisar la calle y entiendo que esta decisión personal puede ser criticable todo lo que, vosotros, los que estáis leyendo esto, queráis. Pero determinadas cosas requieren tanto un esfuerzo físico como mental y quizás este último haya sido el que no haya querido afrontar durante este tiempo tomando la decisión de permanecer en este encierro voluntario. Tal decisión conlleva sus riesgos y sus beneficios. Por un lado el aislamiento y la posibilidad latente del aburrimiento sobre el que alguna cosa ya he comentado respecto a todo aquello con lo que uno puede envolverse para evitarlo. Descartemos esta última posibilidad de la que puedo dar fe personal de que rara vez se produce pues uno articula mecanismos mentales insospechados para mitigar esa amenaza real. Será este mecanismo automático que se activa cuando el instinto más básico de supervivencia se siente amenazado al igual que la naturaleza se abre paso de forma espontánea ante determinadas inconveniencias. Sea como sea la cuestión es que la imagen de verme a mí mismo paseando por la calle con la mascarilla y adosado a un tubo que finalizaba en el respirador me superaba, como también la posibilidad de tener que ir dando todo tipo de explicaciones al vecindario con mi limitada voz y en algún caso, cada vez más usual, rostros de compasión que cada vez más se me indigestan. Hace ya tiempo, quizás años, que descubrí que tal vez estemos envueltos de un halo de frivolidad que lleva a rechazar lo imperfecto, la imperfección en cualquiera de sus formas incluso la enfermedad, como también la diferencia más inevitable, así que entre que no tengo la suficiente energía vital como para ir repartiendo mandobles o para empezar los más encendidos debates mi mecanismo de defensa me recomendaba interiormente abstenerme de salir a la calle. Cualquier necesidad accesoria que me proporcionaba lo contrario la he sabido compensar con más que menos acierto. Pueda parecer que esté justificando mis actos o mi posición y sí, no tengo porque esconderme de esta justificación y de esta decisión de la cual me siento bastante satisfecho especialmente por la poca frustración que me ha provocado y por la poca sensación de estar perdiéndome algo. Respecto a la posición de los demás me abstengo de juzgarlo en exceso, porque siempre está residente la pregunta de cuál sería mi actitud en la posición contraria, pero tampoco puedo ser imparcial en un hipotético momento de contestar esa pregunta pues yo tengo una información que la mayoría de los que de forma inexplicable evitan ponerse enfrente cuando me ven no tienen y por lo tanto no sería justo responder a esa repetitiva cuestión. No obstante repasando el tiempo pasado lo que sí tengo claro es que jamás pronunciaría cualquier idiotez.



Así que no seguiremos hablando de lo que pasaba hace tan sólo tres meses ya que una mañana del pasado mes de julio y aprovechando el poco bochorno que durante ese mes hubo en Barcelona se me encendió un piloto interno de color verde y a una hora prudencial invité a mi compañera, amiga, cuidadora y esposa a salir juntos a la calle. El motivo interno era que se preveía como así ha sido una nueva convocatoria electoral y ante las dificultades que ya hemos explicado en un anterior apunte http://lavidaconela.blogspot.com/2011/09/operacion-voto.html quería poner a prueba todos mis mecanismos y también los externos para poder ir en persona a participar en las elecciones. En un principio tenía más miedo psicológico a la sensación de encontrarme después de tanto tiempo en la calle, en esa especie de pseudojungla relativamente controlada, con mucho temor a esos episodios de pánico que en alguna ocasión he sido víctima, pero la experiencia fue positiva, el cielo no se cayó encima de nuestras cabezas como temía Asterix.




Por decirlo de alguna manera en todo este tiempo prácticamente nada ha cambiado excepto que mi musculatura lumbar y cervical ha empeorado, por decirlo de una forma clara y diáfana, está jodida y eso hace que el transcurrir callejero te recuerde cada décima de segundo el sabio que decidió poner un tipo u otro de suelo en las aceras de la ciudad de Barcelona, como también las diferentes adaptaciones de los cruces entre calle y calle que significan auténticos sobresaltos de mi cabeza.


Así que puestos en situación sólo queda relatar con pequeños detalles la auténtica gymkana que representa salir a la calle y dando gracias, eso sí, al tener el privilegio de vivir en un edificio con un mínimo de garantías de accesibilidad aunque no sean del todo plenas. En primer lugar dar por sobreentendido que me desplazo en una silla de propulsión eléctrica http://lavidaconela.blogspot.com/2010/01/sobre-ruedas.html y eso en algunos aspectos es algo positivo mientras que para otros significa un obstáculo más. Decir también que vivir en un entresuelo o en un ático mientras el edificio cuente con ascensor es lo de menos, salvo que se produzca algún corte de luz algo que a priori en pleno siglo XXI parece impensable, pero que en la ciudad de Barcelona llegan a producirse digamos que una media de dos a tres al año aunque de momento no se prolongan más allá de las dos horas (toquemos madera) y algunos casos excepcionales que la prensa ya ha dado cumplida cuenta. Pensemos también que el ascensor, único en nuestro caso, pueda estropearse, pero , aunque afirmando que ya pasó, pensar eso sería llamar en voz alta a Murphy y a todas sus leyes, incluida la del caos y mejor será ni siquiera plantearlo. Volviendo al tema de vivir en un entresuelo o en un ático pensando en lo expuesto anteriormente la única problemática es que la dificultad tanto de entrar como la de salir sería el resultado de multiplicar el número de escalones por el número de pisos a superar. Será cuestión de no pensar en tanto supuesto.


La maniobra de entrar o de salir del ascensor se ve mínimamente dificultada porque la puerta de acceso no se retiene sola una vez abierta por lo que una simple cuña (qué invento!!!) evita la necesidad de una tercera persona.





Dado que en nuestro caso estamos hablando de una finca de aproximadamente 30 años de antigüedad la cabina del ascensor es relativamente pequeña, tanto que hay que desmontar los soportes de la silla para los pies, retirar el apoya cabezas y por último reclinar el respaldo de la silla hacia adelante para poder caber dentro de ella, de la cabina, y eso volviendo a dar gracias a que hace aproximadamente los mismos años que llevaba sin salir se reformó el ascensor por lo que ahora podemos subir y bajar sin necesidad de anular las puertas de seguridad de la propia cabina, algo que anteriormente debíamos hacer puesto que la antigua cabina todavía era más pequeña. A más a más ahora y gracias a la electrónica el suelo de la cabina queda perfectamente a nivel del suelo del rellano de cada uno de los pisos incluido el del portal, algo que antes no sucedía pues se desajustaba constantemente llegando a ocurrir en alguna ocasión que el escalón superaba lo admisible y superable para la silla eléctrica.





Decir que las sillas eléctricas tienen las ruedas posteriores de diámetro pequeño, pues si esta operación la tuviéramos que hacer con una silla de tracción manual con rueda grande no sería posible utilizar este ascensor.



Una vez en el rellano del portal de la finca y recompuesto todo lo desmontado por la falta de espacio damos gracias (hoy estoy generoso con tantas gracias) al presidente de la escalera que en su día tuvo la brillante idea de adaptar el escalón que da acceso a la calle, aunque fuera pensando en los carritos del supermercado, en los carritos de la compra, o en los carritos de bebé.




Al fin estamos en la calle. Digamos que el barrio tiene todo tipo de soluciones diferentes tanto en el tipo de baldosas utilizadas en el pavimento de las calles como de adaptaciones de los cruces de las calles. Algún día intentaré realizar una muestra gráfica y en movimiento de a lo que me refiero, pero valga esta otra imagen para, a mi modesto entender, definir qué tipo de pavimento es el mejor para un usuario de silla de ruedas.




Lo mismo para definir qué tipo de adaptación para un cruce de acera basándome simple y llanamente en algo tan simple como el estado de la musculatura de mi espalda y de mis cervicales.








Y conviene decir que al margen de pasear calle arriba y calle abajo poca cosa más se puede realizar ya que la mayoría de los comercios y lugares públicos no son, hoy por hoy, accesibles y por último destacar que en muchos casos las calles tienen más barreras arquitectónicas para los discapacitados que, por ejemplo, para los automóviles, es decir, puede darse el caso de ser más conveniente moverse en silla de ruedas por el asfalto, por las zonas donde transcurren los coches y las motos, que por las propias aceras aunque eso conlleve algún que otro susto y más de un bocinazo de algún coche.


Se me olvidaba contar que el primer día que usamos la silla eléctrica, al cruzar la Avenida de Madrid, se nos quedó corto el tiempo del semáforo en verde para el peatón ya que la regulación electrónica de la velocidad de la silla estaba capada y no corría lo suficiente como para poder cruzar la calle, por lo que tuvimos que llevarla a la ortopedia para que modificaran la posibilidad de aumentar la velocidad para no volver a sufrir semejante susto.








domingo, 9 de octubre de 2011

Barcelona accesible?



FICHA TÉCNICA:


Distancia recorrida: aprox. 700 m.


- 33 portales de edificios de viviendas, 22 de ellos inaccesibles.


- 7 entradas a párkings, todos ellos accesibles.


- 1 agencia de viajes, medianamente accesible.


- 5 comercios de accesorios del automóvil, 3 de ellos inaccesibles.


- 1 pub, inaccesible.


- 1 clínica dental, medianamente accesible.


- 1 tienda de mascotas inaccesible.


- 1 taller de motos accesible.


- 1 tienda de moda inaccesible.


- 3 peluquerías, 2 de ellas inacceibles y la restante con reservas.


- 1 restaurante de comida japonesa inaccesible.


- 2 bares, 1 inaccesible y el otro medianamente accesible.


- 2 panaderías, 1 accesible.


- 1 herbolario accesible.


- 1 charcutería accesible.


- 1 farmacia inaccesible.


- 3 locales de oficinas de los cuales 1 es accesible.


- 1 colegio público inaccesible !!!


- 1 tienda de informática inaccesible.


- 1 tienda de congelados accesible.


- 2 bazares (todo a cien, todo chino), 1 inaccesible y el otro a medias.


- 1 tienda de electrodomésticos accesible.


- 1 supermercado accesible.


- 1 oficina bancaria inaccesible.


- 1 pastelería inaccesible.


- 1 droguería inaccesible.


- 1 juguetería inaccesible.



CONCLUSIÓN:


Si tuviera a todos mis amigos repartidos por esta calle dos de cada tres se quedaría sin mi agradable compañía si me invitaran a su casa, podría entrar para no se qué en todos los párkings, con un poco de voluntad por mi parte podría contratar un viaje, no puedo salir de copas por la noche, a duras penas me puedo arreglar los empastes, no puedo tener peces de colores, puedo comprarme una moto para decorar el recibidor, tampoco puedo ir a la moda como tampoco cortarme el pelo. Tampoco puedo comer sushi, ni ir al bar, ni comprar en la farmacia, pero puedo comprar pan y jamón y acabar el bocadillo con todas las tisanas imaginables. No puedo ir al colegio, ni cobrar la pensión en el banco, ni comprarme un ordenador para consultar el saldo online, pero puedo comer más que fresco, congelado!!!, como tampoco puedo comer dulces ni jugar, ni comprarme un perfume de los buenos por Navidad, aunque puedo comprar casi lo que quiera en el supermercado y guardarlo en la nevera que me compré cerca de casa.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Operación Voto


Hoy pretendo explicar la última berza con la que me he obsesionado. Ya suele pasar, cuando uno tiene excesivo tiempo se embarca en guerras troyanas inacabables y de indatable finalización, pero aún así insisto en estas batallas porque considero que tengo razón y un buen motivo para emprenderlas.

El título del apunte ya indica de que toca hablar hoy. La dificultad de una persona con movilidad reducida para ejercer su derecho al voto no debería ser en ningún momento motivo de controversia pero la realidad es tozuda y la casuística puede ser tan florida como el indeterminado número de personas con el indeterminado número de características que quieren ejercer ese derecho luchando contra todo tipo de barreras arquitectónicas, incomprensiones e incluso espeluznantes casos de discriminación. Así que puestos en estos primarios antecedentes es fácil sospechar que ante determinados obstáculos tanto físicos como intelectuales más de uno decline por imperativo ajeno a ejercer el derecho al voto o, por el contrario, emprenda inhóspitos caminos para poder ejercer ese derecho.

En primer lugar sería interesante aclarar determinados conceptos que quizás justificarían mi preocupación por este tema y el primero de ellos me lleva a escribir otro pensamiento primario que es el de saber que en el momento de ejercer mi voto mi gesto tiene el mismo valor intrínseco que el de cualquier otro ciudadano al margen de cualquiera que sea su condición. Es decir, mi voto tiene el mismo valor que el de la persona más poderosa que podamos imaginar y en eso reside la grandeza del sistema democrático, aceptado como imperfecto pero que ningún otro permite esa célula de igualdad. En cuanto a la abstención el mismo sistema permite que no tengamos que cuestionar la opción, desde la abstención militante ante el desencanto político hasta la abstención de aquel que considera más importante una comida en el campo que participar en ese proceso la opción en todo caso es voluntaria, así que nada tiene que ver con aquella que por el motivo que sea no te permite ejercer ese derecho en contra de tu propia voluntad, y eso es intolerable.

Llegados a este punto tengo que reconocer que por causas ajenas a mi propia voluntad he dejado de participar en tres convocatorias electorales desde que por edad tengo ese derecho. La primera en el año 82. Por aquel entonces estaba a otro punto del país realizando el servicio militar obligatorio y por aquel cuartel no apareció nadie preguntando si alguien quería votar utilizando la fórmula del voto por correo, aunque tampoco era de extrañar viendo una enorme fotografía del "generalísimo" presidiendo el despacho del capitán de la compañía. Tampoco era ni el momento ni el lugar idóneo para realizar determinadas peticiones aun siendo legales y convenía más recurrir al sabio consejo del oficial de guardia que te daba gratuitamente el primer día en el que entrabas en aquel acuartelamiento y que se resumía con esta frase: "Señores, hagan el favor de dejar colgados sus cojones en la puerta y no olviden recogerlos el día y en el momento de su salida de esta sagrada institución".

Las dos siguientes abstenciones por causa mayor es precisamente lo que intento subsanar para que no se repitan y que también intento describir en estas líneas aunque el proceso para tal impedimento ha sido largo y sinuoso por lo que se merece añadir una explicación. En primer lugar decir que mi colegio electoral está a menos de 100 m de la puerta de mi casa, algo que a priori tendría que significar una honda y real satisfacción.




Un escalón de más de 10 cm aproximadamente es la única barrera arquitectónica. Ahora bien, ese escalón incumple cualquier normativa vigente sobre accesibilidad de edificios y lugares de titularidad pública, es decir, el colegio al que nos estamos refiriendo es un colegio municipal de la ciudad de Barcelona, municipio que desde el año 89 tiene aprobada una normativa sobre accesibilidad, al margen de un buen número de leyes sobre el mismo tema de carácter estatal. Así que mientras que los riñones de mi estimada compañera han podido empujar la silla de ruedas de propulsión animal hemos superado ese escalón y hemos ejercido ese derecho, pero ni sus riñones ni mi deteriorado control de tronco pueden alargar más esta agonía y un escalón de esa altura no puede ser superado de ninguna manera con una silla eléctrica (se entiende por eléctrica la que tiene ruedas y un motorcillo en cada una de ellas) con un peso escurrido de aproximadamente 80 kilos a los cuales hay que añadir otros tantos (bueno, algunos menos, que todavía conservo la línea) del tieso que es transportado por la primera, y que por muchos voluntariosos voluntarios de la Cruz Roja que se encuentren en la zona no podrán levantar el conjunto sin poner en peligro la integridad física del tieso y la de ellos mismos, algo, por otra parte, inaceptable. Llegados a este punto la siguiente opción era el voto por correo, pero ah...!!!, amigos, otra nueva odisea y aventura nos espera.

Cuántas veces hemos oído por aquí y por allá proclamas sobre accesibilidad, integración, políticas de participación, etc. etc., cuando lo realmente preocupante es la más que palpable ceguera sobre pequeños detalles que a los discapacitados se nos convierten en grandes ascensiones. Desde luego ejercer el derecho al voto mediante la fórmula del voto por correo es hacerlo de forma militante ya que significa ir a la oficina de correos más próxima a solicitar la documentación para una vez cumplimentada volver a la misma oficina para entregarla y una vez recibidas las papeletas volver de nuevo a la oficina a ejercer ese derecho. Eso sí, ese sería el procedimiento para los "normales", porque de no pertenecer al colectivo generalizado el proceso implica muchas cosas más que más tarde detallaremos. La cuestión es que en el primer intento todavía estábamos en condiciones de ir y venir a la oficina de correos más próxima a nuestro domicilio, la cual, por suerte, sí estaba adaptada aún tratándose de un local lúgubre y cochambroso. El problema grave se originó el día que recibí las papeletas para votar por correo certificado y que debía firmar el correspondiente talón de recibo. La funcionaria ni entendió ni aceptó que firmara nadie por mí aún estando yo presente como tampoco estaba yo dispuesto a ejercer de marioneta atándome el bolígrafo a los dedos con una goma elástica mientras que otro me moviera el brazo imitando el gesto de firmar. Así que ya la teníamos liada. El teléfono ardió unos instantes entre el director de la oficina de correos y la junta electoral llegando a un acuerdo de urgencia en el que aceptaban mi huella dactilar como firma pero con el comentario añadido por parte del funcionariado de que aquello no era lo correcto, pero que se aceptaba como solución para aquel momento concreto, es decir, no podría volverse a repetir?. La siguiente recomendación fue que me acogiera al otro sistema de votar por correo para la gente que no puede desplazarse de su domicilio a causa de una enfermedad y cuyo punto reproduce la imagen.



Así que en la siguiente convocatoria electoral recurrimos a esa fórmula que remata cualquier posibilidad de mejoría en el proceso, complicándolo de una forma casi inenarrable con la excusa oficial de que todo el sistema electoral debe ser altamente garantista aún a costa de complicarle la vida a quien precisamente hay que facilitársela, por lo que, ingenuo de mí, y después de haber probado todos estos platos variados no se me ha ocurrido otra cosa que denunciar lo que a mi entender significa una gravísima situación de discriminación al Síndic de Greuges, el "defensor del pueblo" en versión catalana, en los siguientes términos:

Sr. Sindic de Greuges,

Me dirijo a usted para denunciar una situación, que a mi parecer es de clara discriminación hacia mi persona y todas aquellas que afectadas por un una discapacidad física no pueden desplazarse de su domicilio para ejercer su derecho al voto y que por tal circunstancia y conforme a la ley electoral vigente deben hacerlo mediante el voto por correo.

Creo imprescindible y necesario explicar mi situación personal de forma resumida y que en caso de que usted lo solicite podría concretar con más detalle. Padezco una enfermedad neurodegenerativa de 16 años de evolución que me ha paralizado prácticamente toda la musculatura motora, es decir, me encuentro en una situación de tetraparesia, lo que me impide moverme de forma autónoma. Asimismo y por la propia evolución de la enfermedad actualmente necesito respiración asistida la mayor parte del día por lo que la posibilidad de desplazarme fuera de mi domicilio es prácticamente nula, exceptuando que esos desplazamientos se hicieran con transporte medicalizado.

Como justificante de esta situación le adjunto el reconocimiento oficial de mi grado de dependencia Grado 3, Nivel 2, acorde con la Ley de la Dependencia y el reconocimiento oficial de invalidez por parte de la Generalitat de Catalunya, así como un informe médico resumido de mi situación actual emitido por mi médico de familia del Instituto Catalán de la Salud.

Así pues y siguiendo las instrucciones de la documentación oficial que se entrega en el momento de solicitar el voto por correo para todo aquel que no pueda desplazarse por enfermedad hasta su colegio electoral, tal procedimiento comporta los siguientes desplazamientos, por parte de una tercera persona:

A) Recoger la documentación en la oficina de Correos correspondiente.

B) Visitar al médico de familia para la obtención de un certificado médico, que a voluntad del colegiado puede comportar un coste económico y que con seguridad no se realizará el mismo día por lo que convendrá realizar un segundo desplazamiento al Centro de Atención Primaria para recoger el certificado debidamente cumplimentado.

C) Desplazarse para concertar cita con un notario público, que deberá, éste, desplazarse hasta el domicilio del solicitante para dar fe del acto que se solicita. Asimismo si el solicitante tiene una discapacidad física que le impide el acto de la firma se deberá efectuar el acta notarial en presencia de dos testigos, que en ningún caso podrán ser familia directa.

D) Desplazarse para recoger la documentación realizada por el notario.

E) Desplazarse de nuevo a la oficina de Correos para entregar toda la documentación en un sobre, que dependiendo de la voluntad del funcionario implicará el coste de dicho sobre, con destino a la Junta Electoral para realizar la solicitud de voto por correo.

F) Por último volver de nuevo a la oficina de Correos para entregar el voto en sí, dirigido a la correspondiente Mesa Electoral.

Todos estos desplazamientos, en mi caso, los efectúa mi pareja que por otro lado deberá ausentarse el tiempo necesario para ello y para lo cual se deberá contratar a otra persona el correspondiente número de horas para sustituirla y poder así atender a mis necesidades ya que soy una persona con dependencia total. Añadir, también, que todo este proceso deberá repetirse en cada convocatoria electoral, es decir, deberá repetirse todos y cada uno de estos trámites que tratándose, como se trata, de una enfermedad degenerativa y no de una situación temporal resulta incongruente realizarlo una y otra vez.

En una sociedad que se jacta, que nos jactamos, de facilitar la accesibilidad y de promover la participación y la igualdad de todo tipo de personas al margen de su condición, derechos asegurados en nuestra Constitución, Carta de Derechos Humanos, y diversas leyes de nuestro país, resulta que con la excusa de asegurar que el sistema sea todo lo más garantista posible el proceso del voto se convierte éste en un auténtico laberinto que dificulta, en mucho, tal y como se expone, el ejercicio de un derecho tan básico y primario como el del voto, causando, según mi parecer, una situación clara de discriminación respecto al resto de personas que no sufren una discapacidad física.

Solicito pues, que se revise todo este procedimiento o todas estas condiciones para futuras convocatorias electorales o se promueva, tal y como se realiza en otros países europeos, el voto electrónico pues existe la tecnología suficiente como para que éste sea todo lo garantista que se desee.


Para abreviar diré que a todo este rollo añadí toda una argumentación legal como por ejemplo los artículos 9, 14 y 49 de la Constitución Española, los artículos 15, 29 y 78 del Estatut d'Autonomía de Catalunya, la ley 11/2007, etc.

A las pocas semanas recibí una carta conforme se aceptaba la reclamación aunque la misma es una respuesta automática en la que no se especifica ningún plazo de la resolución, ni los trámites o gestiones que se efectuarán.




Poco antes del comienzo del mes de agosto recibí una llamada de una funcionaria del Síndic en la que lo primero que me dejó claro es que el Síndic de Greuges de Catalunya no tiene competencias sobre este asunto, algo que ya cabía esperar. Lo curioso es que no tiene ni las competencias sobre los comicios electorales en Catalunya pues la norma electoral en Catalunya está pendiente de redactar desde el primer estatuto del 1979 por lo que las convocatorias electorales se rigen bajo la ley electoral española. Capté el mensaje de la falta de competencias que en mi pueblo a esto se le llama "incompetente", con toda la carga emotiva que desprende la propia palabra, así que sólo me quedaba preguntarle: ¿y ahora qué hacemos?, a lo que me respondió que harían no sé qué tipo de gestiones con no sé quién para exponer la problemática y que ya me informaría, pero que dadas las fechas esto sería después de vacaciones, porque lo que sí que me quedó claro es que la funcionaria se iba de vacaciones.

A fecha de la publicación de este apunte no tengo más noticias ni del Síndic ni de la funcionaria del Síndic ni de nadie ni de nada. Sólo apuntar que el colegio electoral, una escuela municipal de la ciudad de Barcelona, ha estado todo el verano en obras y el escalón de más de 10 cm de alto ha desaparecido pero tampoco queda claro cuál será el nuevo acceso a la zona donde se instalarán las urnas dentro del colegio por lo que ya me he agenciado número de teléfono de la junta electoral de Barcelona, del IMD (Institut Municipal de Personas amb Discapacitat), de toda la argumentación legal sobre accesibilidad en edificios públicos tanto a nivel nacional como municipal de la ciudad de Barcelona y medio redactada la queja a la alcaldía del distrito y el número de teléfono de los Mossos d'Esquadra por si el día de las elecciones el acceso a mi colegio electoral es inaccesible, valga la redundancia.

Seguiremos informando




jueves, 18 de agosto de 2011

Día a día VII

Llevaba unos días desatendiendo el tema pero soy como el mes de agosto en la ciudad en la que todo se paraliza, en lo que todo parece entrar en un letargo más apropiado de los osos en invierno, aunque el verano hace aparecer a las lagartijas de sus escondites para encontrárselas paralizadas mientras toman el sol. Podría decir que odio el calor, el verano, la playa, la arena y todo lo relacionado con este ambiente bochornoso del que difícilmente puedes escapar. Tal vez decir odiar sea excesivo pues la definición del diccionario dice que odio es "antipatía y adversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea" y sinceramente, a estas alturas de la película, no le deseo ningún mal a nadie ni a nada. Pero como siempre hablamos de males esta vez tendré que confesar que esta parálisis creativa ha sido más bien motivada por inconvenientes en la salud de quien me cuida, que si bien no pueden calificarse de graves sí significan la incomodidad. A veces nos pensamos que teniendo lo que tenemos ya hemos cubierto el cupo y de que nada más nos puede pasar, como si no fuera poco (lamento vulgar). Ingenuo pensamiento y que me trae el recuerdo de aquel neurólogo que me dijo que no moriría de ELA , ya que parece que las neuronas forman parte de un sistema independiente del resto, de ese resto sometido a todos los riesgos de cualquier persona "normal", incluida aquélla que nos cuida, quiere y mima. Así que con más razón que nunca ante la inconveniencia parece como si todo se paralizara todavía más. La energía vital se reduce al mínimo, como si tuviéramos miedo de malgastarla, de abusar de su uso, entrando como en una especie de trance en el que el pensamiento te induce a desear entrar en un sueño profundo el tiempo necesario para despertar cuando todo haya pasado y todo vuelva a nuestra peculiar "normalidad". Y ya que estamos describiendo nuestro "día a día" es algo parecido a lo que pasa cuando Eva por sus inconveniencias más o menos graves debe ausentarse un período de tiempo que a mí se me convierte en interminable o debe alejarse una distancia que mi consciente y mi subconsciente considera excesiva. Debe ser alguna secuela de esos episodios de pánico (http://lavidaconela.blogspot.com/2010/08/panico.html) de los que alguna vez hemos hablado o tal vez sea todo más sencillo, más simple, como la necesidad más auténtica, la necesidad más egoísta que uno pueda llegar a imaginar. Me interrogo constantemente acerca de eso, tengo tanto tiempo..., y me pregunto una y otra vez si esa necesidad es enfermiza, si no estoy ahogando la vida de nadie hasta que el pensamiento se convierte en palabra y formulo la pregunta con el terror imaginario de escuchar algún día una respuesta no deseada, así que procuro disimular en cuanto puedo el pánico que me produce su ausencia a base de alguna pequeña dosis de tranquilizante cuando esa ausencia se prevee larga o lejana.


Ahora sería un buen momento para recurrir al enunciado de los típicos chistes que empiezan "¿cuál es el colmo del...?", y aunque no suelo hacerlo, echo mano al trastero y me autodefiniré con una característica con la que claramente me podían identificar en el pasado "persona claramente independiente" para llegar a saber cuál es el colmo actual.


También hemos hablado de las cuidadoras (http://lavidaconela.blogspot.com/2010/11/cuidadores-asistentes-etc.html) así que poco podremos añadir sobre este tema, quizás un leve reconocimiento e insistir una vez más en lo tranquilizador que es haber encontrado a alguien que se implica en el tema la justa medida, lo estrictamente necesario como para saber que en un momento dado sólo hace falta hacer sonar la corneta y activarse en aquello que sea necesario. Así que durante ese período de obligada ausencia quedo a buen recaudo de otras manos que atienden mis más básicas peticiones y que se resumen en poco como ir cambiando la posición de mis piernas periódicamente y cada vez que se lo solicite para movilizarlas y evitar el dolor que provoca la quietud total, o facilitarme un trago de agua en esa lucha sin descanso por desprenderme de ese insistente lapo aferrado a mi garganta. Nunca tan poco tuvo tanta importancia.



Y así pasamos esa primera parte de la mañana, entretenido en la medida de lo posible ante la pantalla de un televisor intentando que la mente no se enrede demasiado en desbocados pensamientos difíciles de gestionar. No obstante, en ocasiones esta particular misión, se torna ardua e imposible. Tan es así que al margen del exceso de la información (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Atentos/todo/nada/elpepusoc/20110512elpepusoc_3/Tes) hay días que el pensamiento ejerce su libertad absolutista y me provoca auténticos debates internos algunos explicables y otros no. Uno de ellos, recurrente, es pensar que de alguna manera mi evolución personal se vio atorada en ese momento en el que la primera de las neuronas decidió volverse gandula. De alguna manera me cuestiono constantemente hasta qué punto mi desarrollo personal se puede considerar normal a partir del momento en el que debes irremediablemente declararte "enfermo" de cualquier cosa. No tengo una respuesta clara, o sí, la única certeza es que a partir de ese momento nada será como podría haber sido, como podrías haber imaginado, ya que la imaginación también es generalmente lo suficientemente lista como para ser selectiva y darte los sueños despiertos más agradables posibles, pero cuando la varita mágica y maldita del destino decide depositar sobre ti polvo de estrellas y adjudicarte un destino que ahora no quiero adjetivar la misma imaginación se muestra poderosa brindándote toda clase de pensamientos catastróficos y que tendrás que gestionar, dominar y torear con la mayor maestría posible. ¿Pero es eso evolución? Me cuestiono eso porque siempre fui de pensamiento infantil, pueril me llegaron a decir, aunque quien me lo dijo tenía el concepto de que madurez está directamente relacionado con el número de relaciones sexuales mantenidas con diferentes personas, por lo que sus insinuaciones y las de otros sobre mi supuesta inmadurez siempre me las tomé con cierto escepticismo, pero de ser así y partiendo de la teoría de que mi evolución personal se truncó en determinado momento pueda ser que según esos "cánones" universales de inmadurez la mía personal sigue estando latente. Porque aprender a convivir con un mal o aprender a sobrevivir a costa de todo tal vez no pueda considerarse madurar y tal vez sea así ya que la relación con Eva tiene mucho de infantil ya que jugamos constantemente y nos divertimos, algo que a muchos les provoca auténtico estupor.





Ya son las 12 y Eva está a punto de volver de sus menesteres así que seguiremos otro rato que ahora toca recreo.